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“No creo que le caigamos muy simpáticos al nuevo Papa”

11, 19 de 2005-05-19 de 2005
(Entrevista indirecta)

GENÍS MORILLAS - PRESIDENTE DE LA GRAN LOGIA DE CATALUÑA Y BALEARES

La masonería es un tema desconocido por muchos en la actualidad. El secretismo que la rodea y la palabra “secta”, con la que a veces se la califica, han contribuido a potenciar este aspecto enigmático y misterioso por el que se caracteriza. Genís Morillas, el presidente de la Gran logia masónica de Cataluña y Baleares, asegura que desde el mundo masónico se propugnan valores como la libertad personal de conciencia, el libre pensamiento, la fraternidad, la tolerancia y el individualismo.

La masonería es una “escuela iniciática, una institución, una asociación, una manera de pensar, una filosofía, que lo único que busca es que cada persona, estudiando las tradiciones, los símbolos y las culturas trate de hallar esas grandes respuestas que ha buscado la humanidad desde siempre”, explica Genís. Hay tres estadios de la masonería: “El masón individual, el taller o logia, que es un grupo de masones que colaboran trabajando juntos y varias logias federadas que forman la obediencia”.
La moral universal que propugna el mundo masónico, “es la que es válida para todo el mundo, que no tiene nada que ver con creencias religiosas”. “Es un principio estrictamente humano”, asegura Genís.
Genís comenta que existen dos requisitos para ser masón: “ser persona libre y de buenas costumbres”. Las obediencias que hacen una “interpretación literal” del documento fundacional de la masonería, las constituciones de Anderson, en las que se especifica que ser masón es “ser hombre libre y de buenas costumbres”, únicamente admiten a varones. Genís, que explica con cierto orgullo que en la federación de logias en la que él se encuentra, la presidenta es una mujer, difiere diciendo: “coger un documento en su literalidad del siglo XVIII y quererlo llevar al XXI, a mí se me hace complicado....”.
“No creo que le caigamos muy simpáticos al nuevo Papa”, asegura Genís entre risas. “Pero vamos, sinceramente me tiene sin cuidado. Yo no me voy a meter con la Iglesia. Mi trabajo lo desarrollo dentro de la sociedad civil”, puntualiza.
A pesar de que en 1983, durante el pontificado de Juan Pablo II, se suprimió el canon que excomulgaba automáticamente a toda persona por el hecho de ser masón, las relaciones entre la masonería y la Iglesia católica, que siempre han sido escasas y generalmente “nefastas”, siguen siendo “más bien nulas a nivel colectivo, de institución”, a pesar de que según Genís “es cierto que, a nivel privado, hay católicos masones, masones practicantes e, incluso alguna otra jerarquía”. La masonería es “absolutamente compatible” con cualquier religión. “En la masonería hay que reconocer que hay mucha gente creyente”, explica.

“En la masonería hay que reconocer que hay mucha gente creyente”
A pesar de esto, los orígenes del enfrentamiento de la masonería con la Iglesia radican ya en el hecho de que la Iglesia tiene “una serie de verdades absolutas”. En cambio, para un masón el “libre pensamiento” es fundamental. Aquí surge el enfrentamiento: la Iglesia defiende el dogma, mientras que la masonería propugna “ese relativismo y esa necesidad de búsqueda de la verdad pero desde un punto de vista individual”, explica Genís. Cuando surge la masonería, en el siglo XVIII, la Iglesia defiende el estado absoluto, mientras que la masonería apoya “la creación de los estados democráticos”. “Dogma frente a libre pensamiento, el estado democrático frente al estado absoluto. Es lógico que, de alguna forma, acaben mal”, asegura Genís.
Dentro de la masonería “es posible que haya un cierto elitismo, pero ni económico ni intelectual, sino basado en el espíritu de superación, de gente interesada, realmente, en participar de alguna forma en un compromiso personal y social”. “Sin compromiso no existe la masonería”, asegura Genís. Entre los masones se establecen “relaciones fraternas”. “Entre nosotros, el único título que nos damos unos a otros es el de hermanos”, explica Genís. Y si alguien abandona la masonería “lo que se le pide es que al salir diga adiós al menos, aunque la relación de fraternidad sigue”, afirma.

“Sin compromiso no existe la masonería”
Genís expone, acompañándose de movimientos constantes de manos que dotan de mayor expresividad a su discurso, que la visión que en España se tiene de la masonería viene acompañada de una “interferencia grave” causada por la oposición constante que ha habido desde la Iglesia y desde el franquismo y que ha contribuido a que se dé la situación actual que Genís retrata. “Por una parte, la mayor parte de gente ni se entera de lo que es la masonería y, dentro de los que tratan de enterarse, unos...claro, reciben esta influencia y, pues, la masonería es... lo más horrible. Y, al contrario, ha habido a gente que le ha llevado a estudiar la masonería e, incluso, entrar en masonería”, explica.
A pesar de esto, Genís considera que los masones están “absolutamente integrados” en la sociedad actual, es más, “la participación en la vida social, la hace el masón no cómo masón, sino como persona libre e individual”, asegura.
La necesidad de simbología en el mundo masónico proviene ya de la Edad Media. Los miembros del gremio de los constructores, algunos de ellos masones, consiguen no estar sometidos a un señor feudal, sino que dependen directamente del Papa. Esto les da libertad de movimiento. En una época de mucho analfabetismo, a través de la construcción de imágenes y de símbolos se tienen que hacer comprender una serie de conocimientos religiosos a la gente. “De ahí viene que, la masonería, lo que tiene que trabajar muchísimo es el mundo del símbolo. El cura necesita un apoyo simbólico para que la gente lo entienda. Y ese apoyo simbólico, ¿dónde estará? En la construcción de las iglesias”. Así, no es de extrañar que en la simbología masónica los elementos fundamentales sean los de la construcción, como el compás, que simboliza el “poner límites” y la escuadra, que según Genís, significa el “actuar correctamente”.
Genís asevera que no existe una religión masona por una razón “muy simple”: “si partimos del principio de que ninguno de nosotros tiene la verdad, es difícil establecer una religión sin ninguna verdad de base”. Y política masónica tampoco. “¿Pero cómo puedes hacer una política común o como puedes elaborar una religión común desde el punto de vista de respetar absolutamente la libertad de conciencia de la gente?”.
En las reuniones, las “tenidas”, hay una entrada ritual con la que se pretende conseguir “un espacio y un tiempo determinados”. Los masones intentan entrar en la logia “limpios” para sentirse “absolutamente fraternos y libres, al margen de las preocupaciones diarias”, expone Genís.
En las tenidas se leen “planchas” -trabajos, conferencias escritas- y se debaten temas generalmente prefijados. “Y de las conclusiones que salen de ahí... cada uno tendrá las suyas”, afirma Genís. Pero existen dos prohibiciones: “hablar de temas políticos desde una opción de partido y hablar desde una confesión concreta”.


En el templo los masones tienen sus reuniones

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